REDESCUBRIR LA BELLEZA DE DAR TESTIMONIO DEL RESUCITADO

“También nosotros debemos redescubrir la belleza de dar testimonio del Resucitado, saliendo de actitudes autorreferenciales, renunciar a retener los dones de Dios y sin ceder a la mediocridad”.

El libro de los Hechos de los Apóstoles, según el Papa comienza a partir la Resurrección de Cristo, “fuente de una nueva vida”. Conscientes de ello, los discípulos permanecen unidos en la oración junto a María y a la espera del Espíritu Santo. Se trata de la primera comunidad de cristianos.

Todo comienza a partir de la resurrección de Cristo. Efectivamente, no es un evento entre otros, sino la fuente de una nueva vida. Los discípulos lo saben y, obedientes al mandato de Jesús, permanecen unidos, concordes y perseverantes en la oración. Se reúnen en torno a María, la Madre, y se preparan para recibir la potencia de Dios no de manera pasiva, sino consolidando la comunión entre ellos.

“La comunión supera  las divisiones, el aislamiento, la mentalidad que absolutiza el espacio privado, un signo de que la comunión es el primer testimonio que ofrecen los Apóstoles”, describió el Papa.

En los Hechos de los Apóstoles, los doce “manifiestan el estilo del Señor” y “a través de la gracia de la unidad, hacen que surja un Otro que ahora vive de una manera nueva entre su pueblo. ¿Y quién es este? Es el Señor Jesús”, concluyó Francisco.

Los apóstoles eligen vivir bajo el señorío del Resucitado en la unidad entre los hermanos, que se convierte en la única atmósfera posible del auténtico don de sí mismo.

También nosotros debemos redescubrir la belleza de dar testimonio del Resucitado, saliendo de actitudes autorreferenciales, renunciar a retener los dones de Dios y sin ceder a la mediocridad. En la comunidad cristiana hay unidad y libertad de uno mismo, que nos permite no tener miedo de la diversidad, no apegarnos a cosas y dones y convertirnos en martyres, es decir, testigos luminosos del Dios vivo y operativos en la historia.