La vida es misión

AQUI ESTOY, ENVÍAME – LA VIDA ES MISIÓN

Quiero compartir con todos un poco esa vida, de consagradas y sin poder presumir de nada, siempre he pensado que la vida religiosa, a pesar de sus incoherencias, es un asunto de amor. Y acabo de pronunciar la palabra más bella que se registró en el diccionario humano, que es la llave de toda vida, esa vida que descubrimos en su totalidad cuando asumimos su secreto: aceptarla tal como es.

La vida religiosa es una simple y a la vez, gran historia de amor, comenzando desde el principio: Él nos amó primero. Lo nuestro sólo es una respuesta, un eco a ese amor. Él me amó, y en la vida no tengo otra seguridad que su infinito amor.

En estas variantes de la historia, que nos hacen temblar y en todo caso sufrir, necesitamos “lucidez”, sí “lucidez” que guíe a la “generosidad”, con la mente despejada para entender que en asuntos de amor solo el generoso es lúcido. Y necesitamos lucidez para percibir por dónde van los hilos de la historia de la salvación, necesitamos lucidez para leer el periódico y ver en él, el alborotado y desconcertado corazón humano. Lucidez para entrar en el aula de un colegio, de una residencia, de una pastoral, o cualquier trabajo. Lucidez para ir del sagrario a los hermanos, de los hermanos al sagrario.

Sé muy bien  que no es fácil y me pregunto cómo llevar a cabo tan osado mensaje, como conseguir que todo ello se haga vital. Sé que hablar o escribir, es mucho, muchísimo más fácil que llevar a cabo esos actos de amor en la vida consagrada, en la vida comunitaria donde se palpa, se toca, se corta a veces el cotidiano vivir, hermanas que no se quieren, hermanas que llenan de paz los pequeños altercados, hermanas cómplices de silencios que no favorecen la deseada armonía, hermanas que transmiten serenidad, pero aun así la esencia de la vida consagrada consiste en esa dedicación y  total reserva de la persona para Dios. Es una entrega total, deseada por Dios, quien invita a la persona a un seguimiento más de cerca, y que es aceptado por ella, libremente y por amor, para ser total y exclusivamente para Dios. Es una llamada a la perfecta imitación de Cristo a través de alcanzar la plena comunión con Dios a esa perfección en el amor.

¿Cómo lograr eso? ¿Cómo ser luz? Con actos de amor cotidianos, como cotidiana es la vida.

Pero no es fácil, a mí no me resulta fácil sin embargo sería bellísimo experimentar en la comunidad la transparencia de nuestra vida en el Espíritu y no sentir el desasosiego ni la soledad porque lo que vivamos, será lo que vean los demás. Aquí estoy envíame!!!

                                                                                         Sor Lucia Santos