Cuaresma

Cuaresma: Oportunidad para revitalizar vínculos haciendo propia la fragilidad del otro

Los vínculos de pertenencia no sólo se fortalecen con el testimonio y el ejemplo de vida, sino que también se revitalizan haciendo propia la fragilidad de los demás. De hecho, la vida personal y social no es coherente mientras no asuma el sufrimiento y la exclusión del entorno.

Las comunidades bien forjadas son aquellas que no permiten el descarte o la exclusión. Son comunidades que han hecho experiencia compartida de vulnerabilidad y fragilidad. El Papa Francisco nos lo recuerda en Fratelli tutti: “La inclusión o la exclusión de la persona que sufre al costado del camino define todos los proyectos económicos, políticos, sociales y religiosos. Enfrentamos cada día la opción de ser buenos samaritanos o indiferentes viajantes que pasan de largo. Y si extendemos la mirada a la totalidad de nuestra historia y a lo ancho y largo del mundo, todos somos o hemos sido como estos personajes: todos tenemos algo de herido, algo de salteador, algo de los que pasan de largo y algo de buen samaritano”.

Un buen ejercicio para esta cuaresma puede ser la lectura tranquila de la Pasión de Jesús. Se trata de acompañarle en su momento definitivo. Experimentar su humildad y mansedumbre, reconocernos en la zozobra de sus discípulos, sentir el último suspiro y apreciar su entrega… Para reconocerlo resucitado en la familiaridad de la comunidad de discípulos que, en su abatimiento, han topado con la Vida.