La procesión va por dentro

La procesión va por dentro

Por segundo año consecutivo, la Semana Santa se celebra sin procesiones ni actos religiosos en calles y plazas. Aunque, eso sí, este año hemos podido tener celebraciones litúrgicas presenciales en los templos respetando el aforo permitido.

Bien podemos decir que la expresión “la procesión va por dentro” encaja perfectamente en nuestra situación actual. Sabemos que no es infrecuente que las circunstancias climatológicas impidan que una procesión haga el recorrido previsto, con el consabido disgusto, que llega hasta las lágrimas, de los cofrades que se han pasado el año preparando y esperando el día. Tristeza que alcanza también al numeroso público que deseaba asistir…

Por este motivo se suele decidir que la procesión se haga dando vueltas por el interior del claustro del convento o templo. Esto es lo que dio origen a la expresión “La procesión va por dentro” y que, con el tiempo, sirvió para hacer referencia a la persona que a pesar de estar pasando por un mal momento intenta disimularlo y no exterioriza el dolor.

En esta ocasión, los que sentimos apego por la religiosidad de estos días, interpretamos que es esto lo que hemos de hacer: disimular el mal momento, y concluir que nos viene muy bien, una Semana Santa de vacío en las calles, para dedicarnos a la reflexión, el silencio, la oración, haciendo la procesión en nuestro interior… llegando así a la Pascua con corazón renovado.

En este “llevar la procesión por dentro”, en este dejar que Jesús de vueltas por nuestro interior, podemos encontrarnos con Cristo Resucitado que viene a nuestra vida, invitándonos, como a María, a ser transmisoras de su mensaje de Vida, a buscarle en cada ser que vive.

Y poder responder como ella: ¡He visto vivo a Cristo Jesús!

¡Feliz Pascua de Resurrección, llena de luz, esperanza!