La Cuaresma 2026 se abre ante nosotras como un umbral de gracia. No es simplemente un tiempo litúrgico más, sino una nueva oportunidad para volver al Amor primero, a esa mirada de Cristo que un día nos llamó por nuestro nombre y transformó nuestra historia para siempre.
Nuestra vida religiosa tiene su propio ritmo de fidelidad cotidiana: oración que sostiene, comunidad que moldea, servicio que desgasta y a la vez fecunda.
En medio de esa entrega constante, la Cuaresma llega como un susurro del Espíritu que nos dice: “Detente, vuelve al corazón, reaviva el fuego”.
Hermanas, el Señor que nos llamó sigue siendo fiel. Que esta Cuaresma nos encuentre disponibles, humildes y ardientes. Y que al llegar la Pascua podamos decir, con verdad interior: “He dejado que el Señor me transforme una vez más”.
Que María, mujer del silencio y de la espera confiada, nos acompañe en este camino hacia la Vida nueva.



