ADVIENTO: CON MARIA HACEMOS CAMINO

El tiempo de Adviento, que hoy de nuevo comenzamos, nos devuelve el horizonte de la esperanza, una esperanza que no decepciona porque está fundada en la Palabra de Dios. ¡Una esperanza que no decepciona sencillamente porque el Señor no decepciona jamás! Él es fiel, Él no decepciona. ¡Pensemos y sintamos esta belleza!”.
Papa Francisco

Como cada año, por estas fechas, comenzamos a recordar los sucesos más importantes del plan de salvación de Dios para el hombre y el primero de ellos es el Nacimiento de Jesucristo: la hermosa fiesta de Navidad.

La redención del hombre se debe a la muerte y Resurrección de Jesús, es decir a la Pascua, pero es lógico celebrar el inicio de esa gran manifestación del amor de Dios, o sea, su venida al mundo, «Adviento».

Navidad y Adviento no son fiestas independientes. El Adviento es la preparación para celebrar la fiesta de la Navidad. Es un tiempo de reflexión, un tiempo en el que preparamos nuestro corazón para el nacimiento de Jesús.

El Adviento es también un tiempo de novedades, de reencuentros, de una nueva Esperanza en Dios, el Salvador. Acontece de un modo único. No se trata de un simple recordar, sino que ante todo es un evento que refiere a Dios, a lo sobrenatural, a aquello que se celebra y se goza, se saborea, desde la Fe. El Adviento nos prepara para celebrar la alegría del reencuentro con Jesús en la noche de Navidad.

Empezar el Adviento nos lleva a reencontrarnos con el Señor, porque juntos vamos hacia la Navidad para celebrar el nacimiento del Dios con nosotros. Si Jesús vino a traernos la Vida en abundancia, ¿podremos dejar que otros se priven de esta Vida? ¡Cuidado con quedarnos con un “Jesucristo sin carne y sin compromiso con el otro”!, nos advierte el Papa Francisco.

En el Adviento de la Esperanza, digamos “¡Sí a las relaciones nuevas que genera Jesucristo!”. Cristo se hizo el encontradizo para quienes le buscaban con sincero corazón. También nosotros le buscamos y queremos encontrarnos con Él, y la clave de este encuentro está en el servicio, porque la esperanza es dinámica, movediza, inquieta, siempre creativa.